



















El libro habla acerca de un mundo bidimensional llamado Flatland. El narrador, un humilde cuadrado, nos guía a través de algunas de las implicaciones de su vida en dos dimensiones. "Cuadrado" tiene un sueño acerca de visitar un mundo unidimensional (Lineland), e intenta convencer al ignorante monarca de Lineland acerca de la existencia de una segunda dimensión, la cual no puede ser entendida. "Cuadrado" recibe entonces, la visita de una esfera tridimensional, a la cual no puede comprender hasta ver la tercera dimensión por sí mismo. Entonces tiene un sueño acerca de visitar Pointland (compuesta de un sólo punto con consciencia de su existencia que ocupa todo y no sabe de nada aparte de sí mismo) con la Esfera y aprende que no puede rescatar al punto de su estado de auto-satisfacción. Aprende a aspirar y a enseñar a otros a tener aspiraciones. La relación estudiante-alumno se invierte cuando la mente de "Cuadrado" se abre a nuevas dimensiones, y trata de convencer a la esfera de la existencia de una cuarta dimensión espacial, una quinta, una sexta y así en adelante. "Cuadrado" termina en prisión en Flatland por sus intentos de corromper el pensamiento establecido acerca de las dos únicas dimensiones, impotente queda encerrado anhelando que un día se encuentre algún visionario con aquellas memorias.
La sociedad en Flatland se encuentra duramente estratificada. En el fondo de la escala social y como la clase más baja están las mujeres que son representadas por las líneas, y por ende, son incapaces de evolucionar. Las mujeres carecen de derechos, se les prohíbe el acceso a la educación, se les describe como tontas, impulsivas y de corta memoria hasta el punto de que se utiliza con ellas un idioma diferente, más simple y emocional, que el lenguaje científico y racional que usan entre los hombres. Apenas por encima de las mujeres-líneas están los triángulo isósceles, que entre más agudos sean más brutales son considerados. Los isósceles son los obreros, soldados y en muchos casos, se convierten en criminales. Son tratados como la clase más baja y se les ejecuta sin miramientos ante el menor delito. Además, muchos criminales son llevados a las escuelas y universidades para usarse en experimentos hasta que mueren (por falta de alimento) y son reemplazados. Los isósceles son masivamente muchos más que cualquier otra figura geométrica pero, debido a que los odios y conflictos entre ellos mismos azuzados por la clase dominante, mengua su capacidad de acción junto con la propia represión estatal.
Los isósceles más evolucionados tienen hijos equiláteros que conforman el siguiente estrato en la sociedad; la clase media baja. Los artesanos y comerciantes. Como cada hombre tiene un hijo con un lado más que él (un triángulo tiene un cuadrado, y así sucesivamente), la siguiente clase social son los cuadrados y los pentágonos que representan la clase media alta; los profesionales; abogados, científicos, etc. Es difícil que un cuadrado o pentágono sea ejecutado por alguna falta, y usualmente los castigos suelen ser la cadena perpetua para esta clase.
La clase noble la representan los llamados polígonos, que se refiere a todo aquel por encima del hexágono. El estrato más alto de la sociedad son los sumos sacerdotes; los círculos. En realidad, no son círculos perfectos sino simplemente polígonos con tantos cientos de lados que parecen un círculo. El gobernante absoluto es el Jefe Círculo. Los círculos, muy frecuentemente, son estériles o tienen a lo sumo un solo hijo.
Fuera de estos estratos sociales se encuentran los “irregulares” cualquier figura geométrica imperfecta con lados o ángulos irregulares. Son considerados deformes y predispuestos en naturaleza a la maldad. En algunos estados se les asesina al nacer, aunque en los más moderados se les aisla de la sociedad, obligándolos a tener trabajos rutinarios, siempre en cautiverio y estricta vigilancia, además de prohibírseles casarse para impedir que se reproduzcan.
Siglos en el pasado sucedió lo que se llamó la Revolución Cromática, cuando tras descubrir los colores, las diferentes personas de todas las figuras geométricas se pintaban de colores vivos. Los cromatistas, como se les llamaba, liderados por un círculo irregular que se le permitió vivir, predicaron la igualdad de todas las figuras y la obligatoriedad de todos de pintarse. Los círculos, hasta entonces, no se pintaban, pero los cromatistas abogaban por que se pintaran de los mismos colores que las mujeres, con lo cual lograrían emancipar a las mujeres. Pero un triángulo isósceles con colores de pentágono aprovechó esta confusión para violar a una joven línea, lo que le restó el apoyo femenino a la rebelión y esta fue finalmente reprimida por el estado.
http://es.wikipedia.org/wiki/Flatland,_romance_of_many_dimensions
Lykke Li - I Follow Rivers (Director: Tarik Saleh) from Lykke Li on Vimeo.
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[...]
- Pinta algo.
Y Misty dijo:
- Nadie pinta. Ya no lo hace nadie.
Si alguien entre sus conocidos pintaba, usaba su propia sangre o su propio semen. Y pintaban sobre perros vivos de la perrera o sobre postres moldeados de gelatina, pero nunca sobre un lienzo.
Y Peter dijo:
- Apuesto a que tú todavía pintas sobre lienzo.
-¿Porqué? - dijo Misty-. ¿Porque soy una retrasada? ¿Porque no sé hacer nada mejor?
Y Peter dijo:
- Tú pinta, joder.
Se suponía que tenían que haber superado el arte representativo. Eso de hacer cuadros bonitos. Se suponía que debían aprender el sarcasmo visual. Misty decía que pagaban una matrícula demasiado alta para no practicar las técnicas de la ironía eficaz. Decía que las pinturas bonitas no enseñaban nada al mundo.
Y Peter dijo:
- Ni siquiera tenemos edad para comprar cerveza, ¿qué se supone que le tenemos que enseñar al mundo? - Tumbado, allí, de espaldas a su nido de hierbas, con el brazo debajo de la cabeza, Peter dijo-: Todos los esfuerzos del mundo no importan si no estás inspirado.
En caso de que no te dieras cuenta, hostia, pedazo de bobo, Misty quería realmente caerte bien. Solamente para que conste en acta: su vestido, sus sandalias, su sombrero blando de paja, se lo había puesto todo para tí. Si le hubieras tocado el pelo para algo, le habría crujido de tanta laca que llevaba.
Llevaba tanta colonia Windsong que atraía a las abejas.
Y Peter puso el lienzo blanco en su caballete. Y dijo:
- Maura Kinkaid nunca fue a la puta facultad de Bellas Artes. - Escupió un salivazo verde, cogió otro tallo de hierba y se lo metió en la boca. Con la lengua manchada de verde, dijo-: Apuesto a que si pintaras lo que tienes en el corazón, lo podrías colgar en un museo.
Lo que tenía en el corazón, le dijo Misty, nunca se vendería. La gente no lo compraría.
Y Peter dijo:
- Tal vez te sorprenderías.
Aquella era la teoría de Peter sobre la expresión personal. Sobre la paradoja de ser un artista profesional. El hecho de que nos pasamos la vida entera intentando expresarnos bien pero no tenemos nada que decir. Queremos que la creatividad sea un sistema de causa y efecto. Resultados. Producto vendible. Queremos que la dedicación y la disciplina equivalgan al reconocimiento y la recompensa. Entramos en la rutina de la facultad de bellas artes, de nuestro programa de posgrado, y practicamos, practicamos, practicamos. No tenemos nada que documentar con nuestras excelentes habilidades. De acuerdo con Peter, nada nos cabrea más que el hecho de que un drogadicto, un vago total o un pervertido baboso creen una obra maestra. Como si fuese un accidente.
Algún idiota que no tiene miedo de decir qué es lo que ama.
- Platón -dice Peter, y gira la cabeza para soltar otro salivazo verde entre las hierbas-. Platón dijo: ''Aquél que se acerque al templo de las Musas sin inspiración, creyendo que la mera técnica basta, será siempre un ladrón y su poesía será eclipsada por los cantos de los maníacos''.
Se metió otra hierba en la boca, la masticó y dijo:
-Así pues, ¿qué es lo que convierte en maníaca a Misty Kleinman?
Sus casas de fantasía, sus calles adoquinadas. Sus gaviotas volando en círculos sobre las barcas de los pescadores de ostras cuando éstos regresan de los bancos que ella no ha visto nunca. Los maceteros de las ventanas abarrotados de dragones y zinnias. Ni en coña iba a pintar toda aquella mierda.
- Maura Kinkaid -dice Peter- no cogió un pincel hasta que tenía cuarenta y un años. - Empezó a sacar pinceles de la caja de madera descolorida y a retorcerles la punta para afilarlos-. Se casó con un carpintero de toda la vida de la isla de Wayntansea y tuvieron un par de hijos.
Sacó los tubos de pintura de Misty y los puso junto a los pinceles, sobre la manta.
- No fué hasta que murió su marido - dijo Peter-. Entonces Maura enfermó muchísimo, de tuberculosis o algo parecido. En aquella época, si tenías cuarenta y un años ya eras una mujer mayor.
Hasta que murió uno de sus hijos, le contó, Maura Kinkaid jamás habría pintado un cuadro. Y dijo:
-Tal vez la gente tiene que sufrir de verdad antes de poder arriesgarse a hacer lo que aman.
Tú le dijiste todo ésto a Misty, Peter Wilmot.
Le dijiste que Miguel Ángel era un maníaco-depresivo que se retrató a sí mismo como mártir flagelado en su cuadro. Que Henri Matisse dejó la abogacía por una apendicitis. Que Robert Schumann solamente empezó a componer después de que se le paralizara la mano derecha y eso terminara con su carrera de concertista de piano.
Mientras decías ésto te estabas hurgando el bolsillo, intentando sacar algo.
Hablaste de Nietzsche y de su sífilis terciaria. De Mozart y su uremia. De Paul Klee y el escleroderma que le encogió las articulaciones y los músculos hasta matarlo. De Frida Kahlo y la espina bífida que le llenaba las piernas de llagas sangrantes. De lord Byron y su pie deforme. De las hermanas Brontë y su tuberculosis. De Mark Rothko y su suicidio. De Flannery O'Connor y su lupus. La inspiración necesita enfermedad, heridas y locura.
- De acuerdo con Thomas Mann -dijo Peter-, los grandes artistas son grandes inválidos.
Y pusiste algo sobre la manta. Allí, entre los tubos de pintura y los pinceles, dejaste un broche enorme de estrás. Con un diámetro tan grande como el de un dólar de plata, era un broche de cristales de color claro, espejitos pulimentados en una rueda de color amarillo y anaranjado, todos mellados y empañados. Allí, encima de la manta a cuadros, el broche parecía estallar a la luz del sol en forma de chispas. El metal era de un color gris deslustrado y engarzaba los cristales de estrás con unos dedos diminutos y afilados.
Peter dijo:
-¿Estás oyendo algo de ésto?
Y Misty cogió el broche. El destello se reflejó directamente en sus ojos y la dejó cegada, deslumbrada. Desconectada de todo lo que había allí, del sol y de las hierbas.
- Es para tí - dijo Peter-. Para que te inspires.
El reflejo de Misty roto en una docena de fragmentos en cada uno de los cristales de estrás. Un millar de caras diminutas.
Misty le dijo a los colores que le brillaban en la mano:
-Y dime ¿cómo murió el marido de Maura Kinkaid?
Y Peter, con los dientes verdes, soltó un salivazo verde entre las hierbas altas que los rodeaban. Con la cruz negra en la cara se lamió los labios verdes con la lengua verde y dijo:
-Asesinado -dijo Peter-. Lo asesinaron.
Y Misty empezó a pintar.
[...]
Fin. Sí. Fin.











Bethany y Roger no tienen absolutamente nada en común... pero en el fondo ambos se encuentran sólos, tan sólos como todo el mundo. Sólos en medio de un trabajo mediocre y de una vida vacía. Sólos en medio de una sociedad que se mueve absurdamente en círculos, en espiral. 
D. Coupland
Mi última adquisición literaria es una obra preciosa de Betty Smith, centrada en los años veinte y concretamente en una familia de clase baja que sobrevive como puede en una época con grandes diferencias sociales. Enmedio de la miseria y de la necesidad, surge el personaje de Francie, la niña de la familia, apasionada de la lectura e inconformista nata.